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Este 20 de Junio, a las 17:45 horas tuvo lugar un nuevo solsticio de invierno para nuestro hemisferio. Fue el día más corto y la noche más larga del año. 

El inicio del invierno, marca un nuevo tiempo y para muchas culturas y civilizaciones un nuevo año, como para la cultura mapuche que se celebra el “We Tripantu.”

 

El otoño ha quedado atrás, los árboles ya se han despojado de sus hojas y comienza un nuevo período llamado “de sol quieto”. La naturaleza parece dormida y todo ésta cubierto por una capa más fría. Las plantas ponen toda su energía en las raíces, mientras que otras especies de animales hibernan para conservar sus reservas de energía.

 

El invierno marca así un período de viaje interior, donde todas las energías se dirigen hacia adentro. El sol se ha retirado, así la naturaleza nos invita a cuidar la luz propia, para reconcentrarse.

 

Cuando la naturaleza parece dormida, el sol renace en nuestro interior como impulso para trazar nuestro  verdadero camino., con la esperanza del retorno del sol y del renacer de la vida.

 

Este tiempo frío es ideal para cerrar ciclos y delinear nuevas etapas, proyectos y dar un imput de cambio para volver a actualizar nuestros pasos y la dirección que éstos llevarán en esta nueva etapa. Es un período de reflexión, de re.conocerse, de autoevaluación de los caminos vividos.

 

En Chile este año el invierno llegó en medio de esta Pandemia,  en tiempos de confinamiento y con cuarentenas extensas. Es como si estuviésemos obligados a hibernar como mucho de los animales que nos rodean, a guardarnos en nuestras casas, a cuidarnos y cuidar de los nuestros, guardando nuestras reservas de energía para el renacer de la luz que ya vedrá en primavera.

 

A pesar del la incertidumbre, la ansiedad y los miedos que nos rodean, esta etapa puede ser también una oportunidad, un momento para parar, para conectarnos con nuestra alma y con el camino que trazó mucho antes de venir a encarnar a esta dimensión.

 

Es una invitación a buscar la luz interior que todos tenemos, a reconocernos en familia, a compartir amorosamente los procesos de los otros, fortaleciendo vínculos, nutriendo nuestras relaciones más importantes y por sobre todos, manteniendo  siempre la fe y la esperanza en que el sol volverá.

 

Esta fiesta de la luz, celebramos cargando faroles como metáfora de esa luz interior, recorriendo esa oscuridad que nos permitirá ver lo luminosa que es cada una de nuestras almas.

Lorena Escobar N., Psicóloga Infantil y adolescentes. Equipo Musicandü. 

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